Victum
Notaba cómo el cerebro se le había ido secando con el paso de los años.
Sus historias ya no eran las mismas, había dado rienda suelta a toda su imaginación y ahora, que le presionaban para tener un borrador escrito para la semana siguiente, no se le ocurría nada.
Había abordado cada tema posible, había escrito drama, comedia, fantasía, todo. Había escrito cuentos sobre lo más insignificante e inimaginable. Y ahora, tras tantos años de escribir, en este momento tan decisivo, se daba cuenta, al releerlas, de que sus historias se habían convertido en algo tan seco como su cerebro en ese instante.
Tan sistemáticas, tan faltas de sentimiento, simplemente por el mero hecho de hacer algo de dinero. No podía creer que sus manos hubieran escrito eso. No se veía capaz. Cogió sus antiguos relatos, aquellos de su adolescencia, y los comparó.
Cualquiera que hubiera leído uno de aquellos antiguos relatos y un libro más actual seguidos, pronto hubiera afirmado que el escritor no era el mismo. No había punto de comparación. Aquellas pequeñas historias, tan cargadas de emociones, de nostalgia, representaban al verdadero escritor que una vez fue. Aquel que cuando escribía, sentía cada palabra, aquel que no se paraba a pensar sobre qué iba a escribir, sino que simplemente lo hacía, aquel al que no le importaban las incoherencias, ya que eran sus sentimientos, reflejados en el papel.
Pero ese escritor, ese amo, dueño y domador de las palabras había desaparecido de su interior, y estaba ahí, vomitado en trozos de papel reciclado y mirándole fijamente a los ojos, unos ojos viejos y vacíos que lloraban empapando el pasado que una vez dio sentido a su existencia.

hmm… Será que las verdaderas emociones humanas no son un buen producto en los estantes de libros y en cambio sí las emociones de los libros, que tienden a ser más fieles a la lógica.