#100

Las gotas de lluvia
se congregaban en
su impermeable
para contemplar
el espectáculo.

Sus lágrimas,
unas espectadoras
más.
Nunca imaginó
que tanto odio la
llenaría hasta desbordar
por sus cuerdas
vocales.

Se había olvidado
la voz en
el camino
a su rincón solitario
de la muerta ciudad.

Si hubiera alguna
manera de que a
él
pudieran llegarle
sus gritos.

Pero no, él no está.
No va a
estar.
Porque no
se dio cuenta,
no quiso verlo.
Se quitó
la capucha
para
recargar sus ojos
ya secos.
Mirando al
cielo
sólo se le ocurrió
una cosa.
Intentar gritar
de nuevo.

¿Por qué?
Era lo
único
que alcanzaba
a pensar.

Destrozada aún,
recorrió el camino
a casa.
Lentamente.
Cabizbaja.

Al llegar cogió
el teléfono
y
pensó en llamarlo.
La sola idea
le hizo llorar
otra vez.
No iba a
coger el teléfono.
Ella lo sabía.
Al igual que lo
sabían sus amigos.
Sus familiares.

Y volvió a sentir ese
odio
otra vez.
Ese
odio
por ese inútil
que no lo vio.

Y volvió a
preguntarse
por qué razón
no miró antes
de cruzar
la calle.

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~ por conjeturassinergicas en septiembre 24, 2008.

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